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Haciendo prácticas cuando estudiaba medicina, escuche una historia sobre una habitación algo así como una leyenda urbana:
Esta era una habitación amplia cómoda, muy fresca en verano con techos más bien altos en un ala antigua del hospital y cuando se repartían las habitaciones se tenía algunas preferencias aunque luego entenderán su inconveniente.
Aquí se ubicaban a algunos mientras esperaban para ser transplantados, y estaba un paciente que si bien no era uno de ellos le habían instalado aquí por comodidad, era un anciano muy dado, de un carácter afable, conversador en pocas palabras; sentado y desde su cama cerca a la ventana les relataba a los demás lo que ocurría afuera lo que veía, el trajinar de la gente en una calle agitada los niños que corrían para llegar a su escuela y les contaba sobre una mujer muy elegante que solía pasar a determinada hora de la mañana y al finalizar la tarde estaba de regreso, por las cercanías les aseguraba que era maestra, se armaba una discusión por la profesión que podía ejercer esta mujer, alguno creía que era médica otros abogada, la describía bien alta con un cabello colorado, elegantemente vestida, una dama. El tiempo pasaba y algunos pacientes eran trasladados por sus familiares a otras habitaciones con TV y cable, hasta que quedaron sólo dos, quienes aparentemente habían hecho migas.
Una noche al anciano que ocupaba la cama cerca a la ventana estaba teniendo un ataque no podía alcanzar el interruptor para llamar al servicio nocturno de enfermería; el ruido despertó al vecino y vio la angustia reflejada en el rostro de una persona por no poder coger el aparato, al verlo pensó que si fallecía el ocuparía el lado de la ventana, teniendo la oportunidad de activar el botón no lo hizo y siguió haciéndose el dormido. El turno siguiente encontró lo ocurrido; entonces este paciente pidió ocupar el lado cerca a la ventana, el servicio habilito el sector y se traslado a este señor a la cama muy cerca de la ventana; cual fue su sorpresa cuando al mirar a través de ella sólo vio una alta pared que no te dejaba ver la calle y lo que podría ver era el parking un lugar vacío por el que se accedía a la morgue.
Conclusión; hay Windows que no te llevan a ningún lado y cuando tienes la Libertad de elegir es probable que te equivoques.

lauryta dijo
Muy interesante....Algo me decía que pare a leerte un rato. =)
Tomo en cuenta tu conclución.
Besotes miles.
6 Enero 2006 | 01:57 PM